jueves, 1 de junio de 2017

Hay una guerra y esta guerra es mundial en Europa, el mundo occidental en manos de la sumisión del islam.


 Tras la masacre de Manchester se ha producido la misma secuencia de reacciones mediáticas y oficiales que vienen repitiéndose de forma automática ante los atentados cometidos por islamistas. Una retáila de tópicos que busca desesperadamente mostrar que ese enésimo ataque es obra de individuos o grupos minoritarios que defienden un islam radical. Cualquiera que pretenda generalizar las causas de esta violencia al conjunto del mundo islámico es tachado islamófobo. La forma más sencilla de acallar una opinión es ponerle un nombre oprobioso: reaccionarios, revolucionarios, homófobos, xenófobos… Pero toda esta máquina propagandística de desinformación y demonización encuentra un muro infranqueable cuando se enfrenta a los hechos y a la razón desnuda y coherente.

No son todos los musulmanes. Tampoco todos los nazis cometían atrocidades. Pero todos los nazis guardaban silencio. No todos los comunistas cometían atrocidades, pero todos los comunistas guardaban silencio. No todos los musulmanes cometen atrocidades, pero el mundo musulmán guarda silencio. Apenas existen voces en el mundo musulmán que denuncien los crímenes cometidos en nombre del Islam. Mucho menos manifestaciones públicas. Pero este hecho, absolutamente esclarecedor, no es el sustancial. ¿Acaso porque no todos los nazis o los comunistas cometieran crímenes esas ideologías han quedado a salvo de la condena generalizada?.

En el mundo occidental, donde además de libertad y progreso gozamos de una autocrítica ejemplar, el nazismo está considerado, en sí mismo, una ideología criminal y liberticida. En menor medida, debido a la propaganda de una izquierda política basada, entre otras cosas, en la propaganda, el comunismo también es considerado una ideología colectivista y liberticida que ha causado tanta muerte y sufrimiento, si no más, que el nazismo.

No es, pues, suficiente con apelar a que los crímenes los cometen sólo unos pocos musulmanes para exonerar al Islam como una ideología totalitaria y violenta.

Islam significa “sumisión”. ¿Se imaginan qué diríamos en el mundo occidental, o en el ancho mundo que envidia-odia al nuestro si surgiera entre nosotros una ideología religiosa o política que se llamara, por ejemplo, “sumisión”, “apartheid” o “supremacismo”? Resulta esclarecedor que a nuestro modelo de sociedad nos guste llamarlo no “sumisión” sino “Mundo libre”.

No es necesario llevar a cabo una análisis de los preceptos que el Islam defiende y que en la inmensa mayoría de los países donde dominan se imponen y que son contrarios a los derechos humanos más elementales reconocidos por la inmensa mayoría de la Humanidad. Basta con los hechos.

El Islam no es una simple religión. Esa es la piel de cordero mediante la que pretenden, los musulmanes y sus dementes aliados en el mundo libre, ocultar que se trata de una ideología totalitaria que desprecia los derechos humanos, la libertad, la igualdad y la dignidad de las personas. Una ideología integral e integrista que, exactamente igual que el nazismo o el comunismo, pretende imponer sus preceptos religiosos, morales, económicos y políticos a toda la sociedad en todas partes del mundo. Una ideología invasiva de todos los ámbitos de la existencia que alienta la violencia para expandirse y el terror para llevar a la sumisión o a la tumba a quienes se resisten.

Y esta ideología integral, como todas las que han ido surgiendo a lo largo de la Historia, nos ha llevado a una guerra mundial. ¿Exageración?.

Es verdad que, por mucho horror que generen los atentados terroristas, tienen una escala infinitamente menor que la violencia usada en una guerra convencional. Pero esto es, simplemente, una muestra de la debilidad y el fracaso histórico de la civilización surgida bajo el yugo del Islam, que ha sido incapaz de generar libertad y, por tanto, progreso. Es por eso que los musulmanes huyen desesperados hacia el paraíso occidental. No tienen capacidad tecnológica para el progreso y el bien ni, tampoco, para el mal. No poseen capacidad militar suficiente como para enfrentar una guerra abierta a no ser entre ellos mismos. Contra el resto del mundo sólo pueden oponer la cobardía del terrorismo o, como mucho, las guerra de guerrillas.

Hay una guerra y esta guerra es mundial ¿Acaso la extensión de la misma no es mayor que la que se dio en la última gran guerra?.

Un hecho esencial sobre el que los negacionistas intentan histéricamente pasar de largo, nos da la respuesta: Más del 90% de los conflictos violentos que existen en el Mundo están protagonizados por musulmanes, al menos, en uno de los bandos contendientes. Los musulmanes se encuentran enfrentados con sus vecinos o sus huéspedes en todos los lugares y contra toda clase de personas: Blancos, negros, amarillos, católicos, ortodoxos, protestantes, hindúes, animistas, budistas, taoístas, ateos, de izquierdas, de derechas, en Europa, Asia, África, América y Oceanía. Si esto no es una guerra mundial ¿qué lo es?.

El Islam es, hoy, la mayor amenaza ideológica que sufre la Humanidad. Los musulmanes tienen un grave problema con que les afecta a ellos y que pretenden exportar al resto del mundo. Son ellos los que tienen que luchar por erradicar esa ideología integral y totalitaria para quedarse con sus creencias religiosas y salir de la Edad media, como nosotros supimos hacer, convirtiendo al cristianismo en una religión y no en una imposición total.

Nosotros tenemos otro grave problema: los negacionistas y colaboracionistas con esa ideología integral de dominación a la que defienden respondiendo con tópicos y palabras demonizadoras: islamófobo, racista, insolidario. Pero nadie está contra los árabes, los creyentes o los pobres. Sí contra el nazismo, el comunismo o el islamismo.

Óscar Bermán

3 comentarios:

J.M M dijo...

Brillante articulo. Es exactamente lo que sucede.

denis248 dijo...

Hay que difundirlo para que la gente que lo lea reflexione.

Missley dijo...

Hay que concienciar a la gente de la invasión que sufrimos, muchos creen que no es para tanto, y pronto veremos consecuencias.